Expansión urbana
El crecimiento de la zona metropolitana del Valle de México avanza directamente sobre las laderas del Ajusco, el Pelado y el Chichinautzin, fragmentando el hábitat del teporingo y aislando sus colonias.
Romerolagus diazi · Ferrari-Pérez, 1893
El teporingo es uno de los conejos más pequeños y antiguos del mundo. Vive solo en los pastizales de altura de los volcanes del centro de México — y está desapareciendo.
Cómo puedes ayudar
El teporingo no es solo un conejo más: es el único representante vivo de su género, Romerolagus, una rama evolutiva que se separó del resto de los lagomorfos hace millones de años.
Conocido también como zacatuche, conejo de los volcanes o burrito, el teporingo es endémico del centro de México. Habita exclusivamente en los pastizales de zacatón —matorrales densos de pastos altos— en las laderas de los volcanes del Eje Neovolcánico Transversal, entre los 2 800 y 4 250 metros de altitud.
A diferencia de otros conejos, vive en colonias, se comunica con vocalizaciones agudas y construye redes de túneles entre las raíces del zacatón. Sus orejas son notablemente cortas, una adaptación al frío de las alturas. Es uno de los conejos más pequeños del mundo.
Su existencia depende por completo de un ecosistema frágil que está siendo presionado desde todos los frentes: la mancha urbana de la Ciudad de México crece hacia sus laderas, los incendios y el ganado destruyen el zacatonal, y el cambio climático empuja su hábitat cada vez más arriba en montañas que tienen un techo finito.
La población del teporingo ha caído de forma drástica en las últimas décadas. Estas son las principales presiones que enfrenta hoy.
El crecimiento de la zona metropolitana del Valle de México avanza directamente sobre las laderas del Ajusco, el Pelado y el Chichinautzin, fragmentando el hábitat del teporingo y aislando sus colonias.
Los pastizales de altura son talados, quemados o convertidos en zonas de pastoreo y cultivo de papa y avena. Sin zacatón no hay refugio, alimento ni túneles posibles.
Cada temporada seca, los incendios —muchos de origen humano para abrir tierra de pastoreo— consumen extensiones enormes de zacatonal, matando crías y adultos refugiados en sus madrigueras.
El calentamiento empuja el zacatonal a altitudes cada vez mayores. Pero las montañas tienen una cima: el hábitat se reduce y no tiene a dónde subir.
Aunque está prohibida desde 1966, la cacería furtiva persiste en zonas rurales, donde el teporingo es perseguido como alimento o por considerársele plaga de cultivos.
Las jaurías de perros sin dueño que entran a los parques nacionales atacan colonias enteras. Su impacto es uno de los menos visibles pero más documentados en años recientes.
El teporingo es endémico del Eje Neovolcánico Transversal, una franja montañosa que cruza el centro de México de oeste a este. Se distribuye en un área pequeña y fragmentada de aproximadamente 386 km², repartida entre los estados de México, Morelos, Tlaxcala, Puebla y la Ciudad de México.
Su hábitat son los pastizales de Festuca, Muhlenbergia y Calamagrostis —los llamados zacatonales— en altitudes entre 2 800 y 4 250 metros, generalmente asociados a bosques de pino y oyamel.
El teporingo no es solo un nombre en una lista de especies en peligro. Vive, respira y se asoma desde su madriguera. Estos son los lugares donde puedes ir a saludarlo y empezar a defenderlo.
Parque Chapultepec, Primera Sección
Sigue esta ruta dentro del zoológico
Si vas, lleva contigo respeto y silencio. El teporingo es un animal pequeño, tímido y muy sensible al ruido. Tu visita es más que turismo: es un pequeño acto de conservación.
No hace falta ser biólogo ni vivir cerca de un volcán para hacer la diferencia. Estas son acciones concretas que cualquiera puede tomar.
La mayoría de las personas en México nunca ha oído hablar del teporingo. Compartir esta página, hablar de él en redes y en clase es ya un acto de conservación.
Los Parques Nacionales Izta-Popo Zoquiapan y Lagunas de Zempoala son los principales refugios del teporingo. Visitarlos con responsabilidad y respetar sus reglas es ayudarlos a sobrevivir.
Instituciones como CONANP, Pronatura México y la UNAM realizan investigación y monitoreo del teporingo. Una donación o apadrinamiento sostiene años de trabajo de campo.
Si vives o visitas el centro de México y crees haber visto un teporingo, regístralo en Naturalista MX. Cada registro alimenta la base de datos científica.
Si eres docente, incluye al teporingo en tus clases de ciencia y geografía. Es una especie cercana —vive a las afueras de la CDMX— y un símbolo poderoso para hablar de biodiversidad mexicana.
El crecimiento urbano sobre las laderas del Ajusco y el Chichinautzin no es inevitable. Apoyar iniciativas vecinales, denunciar invasiones y votar por candidatos con agenda ambiental tiene impacto real.
Toda la información de este sitio proviene de instituciones científicas y organismos de conservación reconocidos. Te invitamos a profundizar.